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·4 min de lectura·Pizzerías

Tomar el pedido y cobrarlo sin salir del chat

El cliente ya está en WhatsApp. Pedirle que llame, que entre a una página o que transfiera y mande captura es regalarle motivos para no comprar.

Vender por WhatsApp parece fácil hasta que lo haces todos los días. El cliente escribe «quiero dos pizzas grandes», y empieza la ida y vuelta: ¿de qué?, ¿con orilla rellena?, ¿a dónde?, ¿efectivo o transferencia?, «te paso la cuenta», «ya te transferí, te mando captura». Diez mensajes para un pedido, y eso cuando el cliente no se distrae a la mitad.

Multiplica eso por la hora pico de un viernes, con una sola persona contestando y la cocina esperando los tickets.

Dónde se cae un pedido

Un pedido por chat se pierde en tres lugares. El primero es el silencio: el cliente pregunta y nadie contesta a tiempo. El segundo es la confusión: se entendió mal el tamaño, se olvidó un extra, la dirección quedó incompleta, y el pedido llega mal o no llega. El tercero es el cobro: el cliente tiene que salir del chat, abrir su banco, copiar una CLABE, volver, mandar captura y esperar a que alguien confirme. Cada paso extra es un lugar donde puede decir «mejor luego».

Cómo toma el pedido Atenta

Atenta conoce tu menú porque tú lo cargaste: productos, tamaños, extras, precios y zonas de reparto. Cuando un cliente pide, lo guía sin que se sienta un formulario: confirma el producto y el tamaño, ofrece los extras que tú definiste, pide la dirección y la valida contra tus zonas. Si algo no está en tu menú, no lo inventa: le dice al cliente que no lo maneja o te consulta.

El pedido queda registrado con todos sus datos y te llega a la app listo para preparar. Si es un pedido grande, Atenta lo registra y te avisa para que lo confirmes tú antes de que la cocina empiece. Un pedido claro desde el chat es un pedido que no hay que volver a preguntar en la cocina.

En una fondita el flujo es aún más corto: el menú del día se sube con una foto del pizarrón, Atenta lo lee, tú lo revisas y apruebas, y desde ese momento «¿qué hay hoy?» se contesta solo.

Cobrar en el mismo chat

Aquí es donde más se pierde y donde más se gana. Con Atenta, el cobro se resuelve dentro de la conversación según lo que tú tengas activo:

  • Efectivo al entregar, registrado en el pedido.
  • Transferencia, con los datos de tu cuenta que tú cargaste. Si el cliente dice «ya pagué», queda por confirmar hasta que tú lo confirmes en la app: Atenta no da por pagado lo que no has visto.
  • Link de pago, para que el cliente pague con tarjeta desde el chat sin salir a ningún lado. El link lo genera Atenta y el estado del pago se ve en el pedido.
  • Monedero del cliente, si lo activas: saldo prepagado que el cliente usa en tus pedidos y recarga cuando quiere.

Todo esto lo ves desde Pedidos en tu app: qué se pidió, quién, si ya está pagado y cómo. «¿Quién pidió hoy?» se responde en una pantalla, y marcar un pedido como entregado son dos toques.

Lo que Atenta no hace con tu dinero

No guarda tarjetas. Los pagos con tarjeta pasan por una pasarela de pagos, en su página segura, no por el chat ni por Atenta. No confirma transferencias que no hayas confirmado tú. No aplica descuentos ni promociones que no estén en tu base. Y en un negocio de prueba, los links de pago son simulados y la app lo dice claramente hasta que enciendes tu Atenta para el público.

Los links de pago corren sobre Stripe, en la cuenta de Atenta: tú no necesitas abrir una cuenta ni configurar nada; cómo y cuándo recibes lo cobrado se acuerda contigo al activarlos.

Y después del pedido

Cada pedido alimenta la ficha del cliente: qué pide, cada cuánto, a dónde. La siguiente vez que Laura escribe, Atenta ya sabe que suele pedir la grande de pepperoni a Lomas, y se lo ofrece. Eso es lo que hace que un cliente de una vez se vuelva cliente de siempre, y no requiere que tú te acuerdes de nada.

Mira cómo funciona en pizzerías o en fonditas, y si quieres que el próximo viernes sea distinto, da de alta tu negocio.

·4 min de lectura

Los mensajes que llegan cuando ya cerraste

Un cliente escribe a las 10 de la noche, nadie contesta y a la mañana siguiente ya compró en otro lado. Así se pierden ventas sin que nadie lo note.